36 horas en Oaxaca

A pesar de que los terremotos han sacudido a la región, las mayoría de las estructuras de la centenaria ciudad de Oaxaca permanecen de pie. A la sombra de Monte Albán, la capital de la civilización zapoteca ubicada sobre una colina, núcleo de la actividad multicultural de las tierras altas del sur de México, fue alguna vez un tranquilo centro regional. En los últimos años, la ciudad se ha transformado, para bien o para mal, a medida que los extranjeros y los artistas han sido atraídos por su clima templado semitropical, su arquitectura colonial, un emocionante ambiente artístico y una rica cultura culinaria y de artesanías. Galerías y hoteles selectos, restaurantes de lujo y mezcalerías de moda han sido inaugurados uno detrás del otro. Una ciudad con un nivel cosmopolita en ascenso que se mantiene como un lugar mexicano donde su historia, compleja y peligrosa, se muestra a sí misma de maneras hermosas y brutales al mismo tiempo.

Viernes
16:00
Cultívate

Inaugurado en 2011, el Centro Cultural San Pablo se ubica en un antiguo convento dominico del siglo XVI y está rodeado por un patio adornado con azulejos con musgo verde brillante. El centro tiene múltiples espacios para exhibiciones o actividades artísticas, incluido uno en la capilla del Rosario, y exhibe de todo, desde artesanía oaxaqueña —como alebrijes (esculturas de colores de animales fantásticos), textiles indígenas y el tradicional barro negro— hasta arte pop, fotografía, presentaciones de cuartetos de cuerdas e incluso el poco común espectáculo de marionetas para adultos. El complejo también tiene un café, un área de juegos infantiles cubierta, una biblioteca con textos de investigación y una terraza con un restaurante popular entre empresarios locales exitosos con trajes elegantes, lo que lo convierte en un excelente sitio para observar a las personas.

Grasas malas que no son tan malas y buenas que no son tan buenas
18:00
Comida local

Una cuadra al este del Centro Cultural San Pablo, en una tienda ubicada detrás de una fachada color calabaza, está Cabuche: un restaurante festivo que sirve interpretaciones que hacen homenaje a la comida callejera y a lo tradicional del mercado. Hay huaraches menonitas, masa de maíz cubierta con tasajo (carne de res seca y salada), queso Oaxaca y verdolagas (130 pesos, unos 7 dólares) y sopas llenas de sabor, desde los clásicos pozoles (a elegir entre el rojo, el verde y el blanco, desde los 60 pesos o 3 dólares) hasta un picante caldo de camarón conocido como Levantamuertos (unos 130 pesos). Prueba la selección diaria de guisados (25 pesos, poco más de un dólar) como el huitlacoche, la papa con chile de agua y las rajas con queso. Los especiales, incluida una cerveza artesanal casera (oscura y ámbar) y un pulque de apio, mango o avena, son anunciados en tizas multicolores alrededor del comedor, que ocupa dos cuartos llenos de arte.

20:00
La gran dama

Terminado en 1909, un año antes del inicio de la Revolución mexicana, el grandioso Teatro Macedonio Alcalá tomó seis años en ser construido. Con una fachada barroca inspirada en el Renacimiento coronada por un domo verde que en su interior tiene retratos de artistas y escritores, el teatro está entre los edificios más inusuales en el centro histórico colonial de Oaxaca. La impactante estructura es sede de todo tipo de actividades: desde óperas y cine de arte latinoamericano hasta la Orquesta Sinfónica de Oaxaca y ferias de libros. Acércate a la taquilla para ver el calendario de presentaciones y para solicitar un recorrido por el edificio centenario.

21:30
Parada para comer pizza

Comer pizza en una ciudad venerada por su comida mexicana regional podría parecer un sacrilegio. Pero los excepcionales ejemplares en La Matatena valen la pena. Fundado por un arquitecto de descendencia argentino-italiana y su esposa, una exdiseñadora gráfica, el restaurante familiar sirve pizzas de masa delgada que van desde las tradicionales (pepperoni o margarita) hasta las combinaciones claramente mexicanas como la de chorizo oaxaqueño y la de chiles poblanos asados, o la de chapulines y tomates. La versión de 25 centímetros (a partir de 100 pesos, unos 5 dólares) es un excelente bocadillo de media tarde para dos personas (también hay versiones veganas y sin gluten disponibles). Otras opciones incluyen empanadas al estilo argentino (60 pesos o 3 dólares) y mezcal del colectivo indígena Pro Arte Ayuuk (125 pesos o 6 dólares para una cata de cuatro vasos pequeños).

22:30
Pequeños sorbos

Dirígete a La Santísima Flor de Lúpulo, una nanocervecería que produce cervezas artesanales potentes y originales inspiradas en la región, todavía una novedad en México (90 pesos o 5 dólares). La cocina de la cervecería, compartida con la tienda de exquisiteces al lado, prepara una hamburguesa deliciosa y está abierta hasta la una de la madrugada para aquellos a quienes se les antoja un bocadillo consistente después de la medianoche.

Sábado
9:00
Recién horneado

En un patio de piedra con sillas Acapulco de varios colores, equipado con una excelente panadería, Pan-Am sirve cruasanes rellenos con chocolate oaxaqueño, queso crema y moras o jamón con queso (25 pesos o 1 dólar). También ofrece un menú completo de platillos para el almuerzo, incluidos unos chilaquiles espectaculares cubiertos por huevos orgánicos (85 pesos o 4 dólares) y molletes —pan con una capa de frijoles refritos y queso derretido servido con salsa pico de gallo— (72 pesos o 4 dólares).

11:30
Ponte creativo

Aléjate de las tiendas caras de ropa y de recuerdos a lo largo de las calles del distrito turístico alrededor de la plaza Santo Domingo y busca el taller con grafiti y sala de exhibición de Miku Meko Atelier, que vende textiles tradicionales y contemporáneos. El lugar también es usado como un espacio comunitario y ofrece clases de todo, desde telares hasta fabricación de botones. Guibani Artesanal solo realiza una actividad (y la hace bien): teje coloridos y artísticos utensilios caseros y muebles, incluida la silla Acapulco, a partir de hilos brillantes de vinilo. Para recuerdos que pueden caber en tu maleta, considera la compra de un tortillero o un set de portavasos. Un mercado de arte popular de seis cuartos (y en expansión), Andares del Arte Popular, ofrece artesanías tradicionales: desde barro negro a rebozos tejidos a espejos y ornamentos repujados a precios asequibles.

15:00
Cuatro en uno

Entre los nuevos restaurantes de Oaxaca destaca Mesón Jalatlaco. Un patio espacioso cubierto con pisos de madera sin pulir y mesas y sillas de un fino estilo escandinavo, Mesón Jalatlaco es realmente dos restaurantes: Graciela, especializado en pescados y mariscos, y De Brasa Dura, que sirve carnes a la parrilla que van desde la torta de carnitas de pavo (180 pesos o 9 dólares) hasta lengua de res en mole (280 pesos o 14 dólares). Las opciones costeñas abarcan cebiches sutiles y llenos de sabor en cuatro estilos, incluida una versión con tinta de calamar, chorizo y cacahuates, y otra con tomatillo, pepino, apio y chiles serranos. Todos los estilos vienen con tu elección de comida de mar (pescado, pulpo, ostras, caracol marino o camarón) y en tres tamaños (el pequeño desde 80 pesos o 4 dólares). Mesón Jalatlaco también alberga una vinatería y la cervecería artesanal Casa Cervecera Tierra Blanca, que tiene su propio salón de catas, para aquellos que quieren catar cervezas sin quedarse a cenar.

16:00
Ingresa a la unión

Con su fachada desvencijada y su interior que parece una cueva —oscuro y saturado de barriles y anaqueles con botellas de mezcal sin marca una tras otra— la Unión de Palenqueros de Oaxaca no se parece en nada las mezcalerías que se han multiplicado los últimos años en Oaxaca. En vez de eso, esta tienda vende sus mezcales en botellas de Coca-Cola. Pero lo que le falta al mezcal de la Unión de Palenqueros en su estilo para el empaque, lo compensa con una amplia variedad —desde cuishe a tobalá a pechuga— con precios bajos (a partir de 50 pesos o 3 dólares por botella). Sería fácil creer que su producto es de mala calidad, pero no lo es.

19:00
Comida para el corazón

Un restaurante de seis mesas que parece un pastelito, con figuras geométricas de colores rosa pastel y verde menta pintadas en sus mesas y banderas de papel colgadas en su techo, Casa Taviche es un lugar informal con un menú del día increíblemente asequible (75 pesos o 4 dólares por un menú de tres tiempos). Servido desde las 13:00 hasta las 22:00, el menú incluye tres opciones escritas a mano para cada uno de los dos primeros tiempos —entradas y platos fuertes— junto a la elección de postre y agua fresca del restaurante. Las opciones cambian diariamente, pero abarcan platillos sofisticados como chile de agua picante relleno con pollo deshebrado. Después dirígete a Casa Estambul, el restaurante y espacio de arte moderno con murales alocados de colores brillantes y un resplandeciente bar de color rosa brillante para tomar cocteles (prueba el Estambul Old Fashioned, que usa mezcal en lugar de whisky, por 100 pesos o 5 dólares) y echar un vistazo a la vida nocturna de Oaxaca.

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Domingo
11:00
Un estilo propio y de clase mundial

El chef propietario del restaurante más reconocido de México —Enrique Olvera de Pujol en Ciudad de México, frecuentemente incluido en la lista de los mejores restaurantes del mundo— abrió en 2016 su primer restaurante en Oaxaca, Criollo, que está ubicado en un lugar discreto de la avenida de la Independencia. El área abierta de comida limita con un costoso jardín de cactus con un comal (una plancha que usa leña) y con gallinas y conejos que vagan por las instalaciones. Mientras el servicio en Criollo se encuentra entre los más extravagantes de la ciudad, su almuerzo durante los fines de semana es a la carta con precios modestos. Estas comidas a mediodía, aunque están excepcionalmente bien hechas, representan un cambio más hacia lo tradicional que la cocina por la que Olvera es conocido. Piensa en enchiladas de mole con pollo orgánico, crema y queso (99 pesos o 5 dólares) o en quesadillas al estilo del mercado con guacamole a las hierbas (92 pesos o 5 dólares).

12:30
Joven de corazón

Ve al Museo del Ferrocarril Mexicano del Sur y al Museo Infantil de Oaxaca. Estas dos instituciones (ambas gratuitas), ubicadas en un depósito de trenes renovado y vagones de trenes de carga históricos, ofrecen exhibiciones dedicadas a la historia oaxaqueña, murales con estilo de arte callejero en los muros de metal oxidado de los antiguos vagones, una biblioteca infantil y un museo para niños en expansión con arte y artesanías, una granja para demostraciones y un impresionante patio de juegos que incluye un trampolín. En tu camino de regreso del centro, haz una parada en la Basílica de Nuestra Señora de la Soledad, donde los domingos podrás ver a las familias con niños lucir sus mejores atuendos. Jardín Sócrates, el patio con azulejos afuera de la catedral de 1690, tiene una decena o más de tiendas de helados que venden una gran variedad de sabores exóticos, desde pétalos de rosa pasando por tequila y hasta carambola o fruta de estrella por 30 pesos o un dólar y medio.

Si vas
El Hotel Boutique Casa Oaxaca, que tiene siete habitaciones, es sorprendentemente tranquilo a pesar de su ubicación en el ajetreado centro de la ciudad. El patio trasero tiene buganvilias y cactus, con una alberca y un temazcal que está disponible también para quienes no son huéspedes. El precio de las habitaciones arranca desde 167 dólares. No aceptan a niños menores de 12 años.

Otro lugar es El Diablo y la Sandía, un lugar de alojamiento y desayuno lleno de arte, familiar y con habitaciones sencillas a partir de los 80 dólares.

Fuente: nytimes.com

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