Pronunciamiento de la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca en torno a la violencia contra las mujeres

En el Día Internacional por los Derechos de la Mujer, la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca insiste en que el respeto a la vida y a la dignidad de las mujeres es un derecho humano que debe ser respetado, garantizado y promovido por todas las autoridades; además, entendido por todas las personas como signo vital de una sociedad justa y democrática, lo que es en esencia una auténtica cultura de los derechos humanos y un refinamiento en las relaciones sociales.

La Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca manifiesta su preocupación debido a que en 2017 atendió 2 mil 463 quejas por posibles violaciones a los derechos humanos de las mujeres. En este aspecto, el organismo defensor registró que el derecho de las mujeres a la seguridad jurídica es el más violentado, y la autoridad más señalada son los ayuntamientos, seguidos por la Fiscalía General y los Servicios de Salud.

La Defensoría considera sumamente preocupante que –de acuerdo con datos de la Fiscalía General del estado difundió en medios de comunicación– durante 2017 se registraron 128 homicidios de mujeres, de los cuales 94 generaron investigaciones por feminicidio.

La incidencia en la violencia y la inseguridad en México se calcularon en 1.3 por ciento del producto interno bruto de acuerdo con resultados de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de Seguridad Pública 2017. Este dato revela la urgencia en la creación de políticas públicas que garanticen un entorno de seguridad progresivo en beneficio de todas las personas en el país y en nuestro estado.

Estas cifras evidencian la continua violencia que, por razones de género, afrontan las mujeres, en sus diferentes manifestaciones, como la violencia intrafamiliar, homicidios, feminicidios, trata de personas y toda clase de explotación.

De estas formas de violencia sobresale por su crueldad el feminicidio, como una forma irracional y violenta de odio a la mujer por el hecho de ser mujer. El odio a la mujer por su condición de género es intolerable y hace necesaria la promoción de una cultura que tenga en cuenta la dignidad de las mujeres.

En el ámbito de los derechos humanos existen instrumentos que describen los derechos fundamentales de las mujeres; por ejemplo, la Declaración sobre la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, que con vigor sostiene en su artículo 1 que “la discriminación contra la mujer, por cuanto niega o limita su igualdad de derechos con el hombre, es fundamentalmente injusta y constituye una ofensa a la dignidad humana”.

Otro instrumento internacional que protege los derechos de las mujeres es la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, la cual prescribe en el artículo 5 “modificar los patrones socio-culturales para eliminar los prejuicios y las prácticas basadas en la idea de la superioridad o inferioridad de cualquiera de los sexos o en funciones estereotipadas de hombres y mujeres”.

Asimismo, la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, en su artículo 1 expresa que se entiende por “violencia contra la mujer, cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado”.

Tomando en cuenta estos instrumentos del derecho internacional, así como las normas específicas de la legislación mexicana dirigidas a garantizar los derechos de las mujeres, la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca demanda al Estado mexicano y a todas las autoridades que garanticen el respeto y la promoción de los derechos humanos de las mujeres, que históricamente han sido postergados y vulnerados. No será posible que México alcance una auténtica vida democrática mientras la mitad de su población –las mujeres, las adolescentes y las niñas– permanezcan marginadas, sin el pleno ejercicio de sus derechos humanos y sin poder gozar a plenitud de una vida libre de violencia.

 

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